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Mundanadas

Aunque habitualmente los temas que toco aquí son poco “tangibles”, hoy deseo hablar de algo que me tiene fastidiado (con “j”) desde hace mucho tiempo: hoy – de nuevo – sube el precio de la gasolina.

No soy de las personas que uno describiría como “socialmente concienciada”. Creo que detrás de las corrientes de conservación del medio ambiente, aprovechamiento de los recursos, igualdad y justicia social, y un largo etcétera de grandes causas humanas, existen siempre personas interesadas en hacerse ricas, ser notables, o simplemente doblar el lomo lo menos posible para vivir. Por tanto, creo que puedo manifestarme en contra del negocio petrolero sin ser tachado de demagogo.

Llevamos asistiendo a la escalada de los precios de la gasolina casi tanto tiempo como venimos escuchando que se agotan a pasos agigantados las reservas de petróleo. Es una ley mercantil: si un bien escasea, se torna más preciado.

A pesar de las advertencias, cada día vemos coches de mayor potencia en las calles, a precios más asequibles, y observamos como el incremento del poder adquisitivo de algunos, a través del crédito o la especulación ladrillera, se traduce en unos cochazos tremendos, de los de “sacar barriga”. El desfile de madres recogiendo a sus hijos en un 4×4 en la puerta del cole/insti es una parte del escenario al que hago referencia.

Es indudable que el incremento de vehículos (y del total de caballos vapor por vehículo) en las calles que padecemos todos está produciendo una subida de las ventas de combustibles. Los mercados emergentes orientales parece que demandan cada año casi el doble de petróleo que el año anterior.

El petróleo del Mundo está en manos de cuatro personas en el mundo (creo que se hacen llamar OPEP), que hacen y deshacen a su antojo. Aunque todos los países tienen reservas de crudo, estas se agotarían rápidamente si los proveedores suspendiesen sus actividades. Un mínimo recorte en la producción provoca el caos general.

El negocio del combustible en España, era hasta hace poco un mercado intervenido por el Gobierno, que establecía los precios máximos. Cuando se liberalizaron los precios de la gasolina, se espereba un incremento de la competencia entre las empresas productoras que redundase en mejores precios para los clientes. La realidad es que se ha formado un oligopolio donde una empresa cambia el precio del litro de gasoil, y en menos de doce horas el resto de estaciones de servicio la imitan. He llegado a ver cambiar el precio de la gasolina hasta tres veces en el mismo día.

Es bien sabido que, existiendo alternativas al petróleo, estas empresas ahogan la investigación en estas energías, estirando el negocio hasta su punto de ruptura, engordando su cuenta de beneficios a base de impedir al ciudadano de a pie el acceso a opciones menos contaminantes que los combustibles fósiles. El perverso argumento utilizado siempre es el mismo: las alternativas son más caras, y para producir la misma potencia necesitamos consumir más energía. Evidentemente, si se impide a otras empresas profundizar en las técnicas de obtención de energías alternativas, no se conseguirá jamás desarrollar las tecnologías necesarias para generarlas a un precio competitivo.

Y sin embargo, no aprendemos. Seguimos haciendo uso y abuso del coche. Algunos lo cogen para ir a la tienda de enfrente. Cualquier lugar que no pueda verse fácilmente desde el punto donde uno se encuentra, se antoja un camino Jacobeo. Cuando repostamos, pensamos que es un mal con el que hemos de vivir, a pesar de que nos meten la mano al bolsillo con la misma facilidad que descolgamos la manguera del surtidor (y para el que no se acuerde, una lección de economía: 1€=166’386 pesetas).

Me hace gracia ver cuánto se pelea por el derecho de una cultura libre (que también está muy bien), y qué poco se habla en la blogosfera (o blogocosa) de estos problemas mundanos. Del hecho de que ha subido la gasolina un 40% en poco más de un año y algunas personas se están arruinando porque no pueden repercutir sus gastos a los consumidores. De que el gobierno (sí, en minúscula) subvenciona en parte las pérdidas de determinados gremios, que no es más que una forma de subvencionar a las petroleras indirectamente con nuestro dinero. Así, uses el coche o no, ya has aportado tu granito de arena.

En fin, esto está quedando demasiado largo ya. Creo que está claro que me molesta la escalada (¿por qué creéis que la llaman así?) del precio del carburante, y el modo en que todo el mundo la acepta con resignación ¿No vamos a hacer nada? ¿No hay colectivos para elevar quejas sobre un problema que nos afecta a todos? Transporte público, motores de hidrógeno, biomasa… ¿hasta cuándo nos va a sonar a chino? ¿Tendrá que salir en la tele para que alguien le dedique un artículo en su blog?

De momento, espero que con mi airada queja, se remueva alguna conciencia. O al menos “precio” y “gasolina” aparezcan en un tag cloud español, aunque sea en pequeñito…

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