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¡Hasta nunca, Movistar! Firmado: el CNI (cliente no identificado)

Hace ya dos años que se anunció la obligatoriedad de proporcionar los datos de los propietarios de las líneas prepago de teléfono. Envueltos en la fiebre antiterrorista, y sin crisis de la que preocuparse, nadie le dio demasiada importancia en su momento.
 
Sin embargo, todo llega en esta vida, y el día 9 de noviembre de los corrientes, aquél que no haya identificado su línea prepago la perderá. Para dar la orwelliana posibilidad de confesar a los culpables (hasta que se demuestre lo contrario), las operadoras dominantes (las nuevas tienen a todos sus clientes “fichados” porque se requiere la identificación exclusiva del cliente al recoger la tarjeta) han puesto todos los medios a su alcance. Pero las tiendas de telefonía, lugar último donde ir a identificarse, no estaban muy por la labor, evidentemente… ¿Qué ganan ellos en todo este sarao?
 
El caso es que tras intensas campañas en TV, noticiarios, bandadas de SMS a las líneas prepago, y un sinfín de intentos de las compañías de mejorar el targeting de sus campañas a los clientes prepago, a finales de julio de este año, todavía 12 millones de líneas se encontraban sin identificar. Los últimos datos dicen que, a estas alturas, 8 millones de líneas siguen siendo anónimas.
 
En el fondo, las tarjetas prepago tienen una utilidad relativa, desde el momento en que casi todas te exigen un mínimo de recargas en un periodo de tiempo, lo que representa una “cuota de permanencia”, pequela pero que está ahí. Además, el hecho de que las operadoras dominantes cobren las llamadas desde prepago más caras que desde contrato (algo incomprensible, si tenemos en cuenta que es un dinero que el usuario ha pagado sin llegar a gastarlo, y genera un beneficio paralelo en forma de financiación para la compañía) echa para atrás a los usuarios respecto al prepago. Sin duda, las posibilidades que da un contrato de permanencia, desde el punto de vista del márketing, justifican el reducir las tarifas a clientes de contrato que pagan a posteriori… o directamente, no pagan.
Yo, que he mantenido durante nueve años mi número de prepago, y para quién cambiar de número ahora sería bastante traumático para mi círculo social, he optado por pasar a un contrato, ahora que existen compañías que lo ponen más fácil: ojo, no digo que no sean la misma mierda, pero son conscientes de que la competencia está ahí y les puede hacer “pupa”, con lo que responden a los movimientos del mercado. El mastodonte Movistar tiene su oferta en este sentido, pero para mí se acabó el dar de comer a la misma mano que me está apretando el cuello para que hable (es decir, que identifique mi línea). Ahora, si quieren saber quién soy, que lean mi blog😀
Así que, después de evaluar las ofertas que existen de contrato, y buscando un terminal que haga más llevadero el cambio, creo que ha llegado el momento de decir:

¡ɹɐʇsıʌoɯ ‘soıpɐ!
¡Bienvenido a mi línea, Yoigo + Toshiba Portégé G810!

¡A ver lo que duras!
 
P.D.: Si alguien se quiere pasar a Yoigo también, que contacte conmigo, y nos darán algunas llamadas gratis a los dos.

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